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El crimen de las mochileras: Querían conocer la Patagonia, murieron al costado de la ruta - Télam

El crimen de las mochileras: Querían conocer la Patagonia, murieron al costado de la ruta – Télam

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Irina Montoya y María Dolores Sánchez, las jóvenes abusadas y asesinadas.

Irina Montoya y Mara Dolores Snchez, las jvenes abusadas y asesinadas.

Durante la lluviosa madrugada del 18 de febrero de 1998, dos mochileras llegaron al bar de una estacin de servicio ubicada sobre la ruta que conduce hacia Guamin, un poblado del sudoeste bonaerense que apenas se distingue en los mapas. El da anterior haban partido de Rosario y pretendan llegar a dedo hasta Comodoro Rivadavia. Ahora, bajo ese temporal, slo esperaban que alguien las acercara a Baha Blanca.

Una de ellas le confi al mozo:

–Si el que nos lleva es aburrido, nos bajamos antes. Porque viajar as se te hace interminable.

En ese instante entr un camionero. ste no pudo acceder al pedido de las chicas, ya que se diriga hacia otro lugar. Pero asegur tener una solucin al respecto. Entonces sali del local para abordar al conductor de un auto gris que permaneca estacionado junto a su propio vehculo. Y regres con una respuesta afirmativa.As fue como las viajeras retomaron su trayecto.

Horas despus, ya bajo los primeros destellos del amanecer, un tambero las encontr tumbadas en un camino de tierra ubicado a unos 35 kilmetros de Baha Blanca. Su primera impresin fue que ellas dorman. No era justamente as: Mara Dolores Snchez, de 18 aos, estaba muerta, e Irina Montoya, de 25, an agonizaba. Haban sido baleadas. En apenas unos minutos, aquel sendero semioculto se llen de policas. Y segua diluviando.

El hombre del auto gris

Ese mircoles, Eduardo Fermn Elicabe, de 35 aos, lleg a su casa de Baha Blanca alrededor de las 6.30, tal como sola hacerlo todos los das. El tipo era custodio en una agencia de seguridad que vigilaba camiones en trnsito y tena un horario nocturno. Primero se cercior de que su esposa estuviese dormida y, luego, con sigilo, fue hacia la cajonera para guardar su ms reciente posesin: una cmara de fotos.

Tambin estuvo a punto de poner all su pistola Beretta calibre 6.35, pero al final decidi esconderla en el interior de un parlante. Ms que nada, para no poner nerviosa a la suegra, que acostumbraba visitar a su hija por las maanas, mientras l descansaba. Pero en esa ocasin, el sueo no estaba entre sus prioridades. Entonces prendi el televisor. Y la imagen que emita lo tom por sorpresa: un plano general del lugar en el que haban sido halladas las mochileras.

El canal local transmita la noticia en vivo. Lo cierto es que el asunto –segn dira luego Elicabe– le produjo cierta pesadumbre, por lo que apag el aparato para acostarse junto a su mujer. Y sin despertarla, le acarici el vientre. Ella estaba embarazada de casi nueve meses.

Mientras tanto, el violento fin de las dos chicas ya conmocionaba al pas.

Irina falleci horas despus en el Hospital Interzonal de Baha Blanca. Y la autopsia de Mara Dolores revel que haba sido violada. Mucho ms no se saba. La tormenta haba alterado el escenario del crimen. Por el momento los investigadores carecan de pistas.

Irina falleci horas despus en el Hospital Interzonal de Baha Blanca. Y la autopsia de Mara Dolores revel que haba sido violada

Pero el mozo de Guamin, Carlos Lemos, se puso en contacto con ellos tras haber visto por televisin la cobertura del caso. Por su parte, el camionero Ricardo Acua haba escuchado la noticia por radio cuando se diriga hacia el sur del pas. Y, desde luego, no tard en recordar la gestin que hizo para que las mochileras sean llevadas a Baha Blanca por el hombre que sola custodiar los camiones de la empresa. Entonces, no dud en pegar la vuelta.

Elicabe fue detenido en su hogar durante el medioda del domingo 22 de febrero. La pistola encontrada en el parlante corresponda a las balas halladas en el cuerpo de las vctimas. Y la cmara fotogrfica perteneca a Irina.

Lo cierto es que, ya alojado en la DDI, no tard en confesar su autora del doble femicidio. Dos aos despus fue condenado a prisin perpetua con accesorias por tiempo indeterminado.Desde entonces se dedic a construir estrategias para demostrar que en realidad fue objeto de una oscura conspiracin.


La terora del complot

Eduardo Fermín Elicabe, el autor de un crimen que conmovió al país. Desde hacer diez años está en libertad. (Foto: Télam)

Eduardo Fermn Elicabe, el autor de un crimen que conmovi al pas. Desde hacer diez aos est en libertad. (Foto: Tlam)

“A las chicas les pagaron por llevar un bolso hasta Baha Blanca. Y ellas, al entregarlo, dijeron que haban viajado conmigo. Pero con el agravante de que yo laburaba de custodio. De ah viene toda esta complicacin”.

Elicabe desgranaba las palabras de un modo pausado y enarcando las cejas, como si an lo asombrara esa presunta celada en la que habra cado.

“Es muy simple; todos los viajes que ellas hacan tenan algo en comn: la droga. Ellas iban al Bolsn, a Misiones. Es decir, lugares vinculados con el narcotrfico, entends?”

El tipo se esforzaba en parecer convincente. Y prenda un cigarrillo tras otro. La entrevista con quien esto escribe, realizada a comienzos de 2003 para el programa «Historias del Crimen» (Telefe), se desarroll en una oficina de la Unidad 4 de Baha Blanca. Elicabe estaba en aquella crcel desde 1998. Y se podra decir que su viejo oficio de vigilador privado segua influyendo sobre su destino. Tanto es as que no disimulaba su afinidad con los carceleros. Por ello pasaba sus das en la enfermera en calidad de “refugiado”, como se les dice en el argot tumbero a los presos cuya existencia sera muy riesgosa en un pabelln comn, dado que su chapa “violeta” no le jugaba a su favor.

Luego resumi el origen de su va crucis con las siguientes palabras: “A m me hicieron una cama”.Su fundamentacin no tuvo desperdicios.

En sntesis, Elicabe trabajaba en una pequea agencia de seguridad que durante la poca ms gloriosa del 1 a 1 llegaba a facturar unos inexplicables 90 mil pesos mensuales. El negocio perteneca a un comisario exonerado de la Bonaerense. Y la relacin laboral entre ambos se haba tornado algo vidriosa.

En ello habra una razn: el custodio –segn sus dichos– mantena un trrido romance nada menos que con la esposa del patrn, que adems era su socia. Y l –tambin segn sus dichos – efectuaba tareas de inteligencia para la seora, que consistan en averiguar ciertas cosas sobre las actividades del marido, con miras a un posible juicio de divorcio.

De tal manera pudo obtener informaciones que comprometan a ciertas empresas transportistas con el trfico de drogas, lo que por otra parte habra derivado en una sangrienta interna entre las agencias de seguridad privada que actuaban en la zona.

Elicabe fue condenado cadena perpetua. Peroen 2011, gracias a la ley del 2×1, recuper la libertad

Ese habra sido el germen de su desgracia personal. Elicabe se aferraba a dicha hiptesis como si fuera el nico hilo que lo ataba a la vida. Lo cierto es que resultaba increble su habilidad para unir datos reales, de los cuales estaba slidamente documentado, con el andamiaje de sus fabulaciones. Tal narrativa desembocaba en la teora del complot, cuyo eje era su antiguo empleador.

Al respecto, Elicabe cifraba sus esperanzas en las apelaciones que haba presentado ante un tribunal de Casacin. Y si las mismas resultaran negativas acudira a la mismsima Corte Suprema bonaerense.

–Entonces la esposa del ex comisario sera su nico testigo?

–Ojal pudiera. Ella lamentablemente muri de cncer.

Tambin carg contra Acua, adjudicndole los dos crmenes. Pero ste no estaba en condiciones de defenderse: se haba suicidado en 1999.

Con no menos vehemencia refut las pruebas en su contra; entre estas, la del ADN, que lo seala como el violador de Mara Dolores.Sobre este punto, simplemente, dijo:

–Ella fue la que tom la iniciativa.

–La iniciativa de su propia violacin?

–No fue violada. Pero ahora no corresponden los detalles –asegur, dibujando en sus labios una pcara sonrisa.

Dicho esto, dio por concluida la conversacin. Y fue retirado por un guardia.

En noviembre de 2006, la Suprema Corte ratific su condena. Pero en 2011, beneficiado por una antojadiza interpretacin de la ley del 2×1, recuper la libertad.



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